La Sala confirma la procedencia del despido disciplinario de un trabajador que dio positivo en cocaína en una prueba de saliva realizada de forma aleatoria al inicio de su jornada laboral. La actuación se enmarca en el protocolo empresarial de control de alcohol y drogas. El tribunal descarta que se haya vulnerado el derecho a la intimidad del trabajador o la presunción de inocencia, y considera acreditada la comisión de una falta muy grave por tratarse de un puesto con alta responsabilidad en materia de seguridad dentro del entorno minero.
No se vulnera el derecho a la intimidad cuando el trabajador colabora voluntariamente en una prueba de detección de drogas regulada por un protocolo conocido. Tampoco se infringe la presunción de inocencia si existe una prueba válida no impugnada que acredita el incumplimiento. En entornos de riesgo, como el minero, un positivo en cocaína puede justificar el despido disciplinario por afectar directamente a la seguridad laboral.
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